Honduras

Honduras fue el país más corto del viaje: yo estuve tres días, Lara algo más. No dio para mucho en términos de artículos —solo uno habla desde allí—, pero lo que pasó en esos días dejó impresión.

El calor era sofocante de una manera que va más allá del termómetro: el tipo de calor que te hace entender por qué la gente no sale a la calle entre las once de la mañana y las cinco de la tarde. Junto con Nicaragua, fue el clima más difícil de todo el viaje centroamericano, y eso que a mí me gustan los lugares cálidos.

Lara estuvo varias semanas y me contó que muchas veces se sintió incómoda caminando sola por la calle: coches que pitaban, hombres que decían cosas desde los portales. En el ranking de respeto hacia las mujeres que hice al terminar el viaje, Honduras fue el país que peor salió parado. No es una opinión abstracta, es algo que se vive en el día a día.

El alojamiento lo salvamos gracias a Couchsurfing: Nacho, un español, nos dejó quedarnos en su piso como si fuera el nuestro, con acceso al gimnasio y la piscina del edificio. Fue el descanso que necesitábamos en ese tramo del viaje. Mención especial también a Nelson, otro anfitrión local. Sin esa generosidad, Honduras habría sido solo calor, incomodidad y tráfico.

Ochenta euros en tres días. El país más barato de todo el viaje en términos de gasto diario, casi todo absorbido por el vuelo hacia Colombia que compramos desde allí.

No creo que vuelva. Pero me alegro de haber pasado.

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